Sunday, November 15, 2009

XO Judy


Judy sonríe al recibir su computadora del Plan Ceibal.

Monday, October 26, 2009

Google no miente!!!

Hacé este experimento:

Tipeá en la barra de búsqueda de tu navegador la palabra "lacalle" seguida de un espacio y mirá las sugerencias de Google. éste es el resultado que dio mi Mozilla Firefox corriendo desde Uruguay hace unos pocos segundos - observá la única sugerencia para el nombre tipeado exacto (es la octava):


Sunday, October 25, 2009

FA = PN + PC

la aritmética que la tele no cuenta: FA = PN + PC

Saturday, June 27, 2009

Internas

Para saber qué votar no hace falta ver la tele. Para jugar a las predicciones sí, porque muchos votos se forman sobre ella (sí, es obvio).

El miércoles 24 de noche, a un día de la veda, vi mi primer programa político de la campaña: Código País. Pasaron una entrevista a Astori (enlatada) y otra a Mujica (en estudios).

Dos impresiones: que Astori va a votar (mucho) mejor de lo que se espera (porque mucha gente que contesta "Mujica" en una encuesta sorpresiva finalmente va a abstenerse, por ejemplo), y que tal vez sea cierto que la candidatura de Mujica puede llegar a costarle el triunfo al Frente - a pesar de que hasta esta semana defendí con capa y espada la opinión de que, debido a los procesos históricos regionales, el Frente (sin importar que haya segunda vuelta o no) no podía no ganar las nacionales.

Wednesday, June 17, 2009

Vitrina ficticia



Foto sacada en Valparaíso en el año 2006.

Sunday, April 5, 2009

Charly, Vicentico y los otros

Otro enlatado: de un mail para Matías del 5 de noviembre del 2006, después de ver un concierto de Charly García y Vicentico organizado por la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile en el Estadio Nacional (sí, ese Estadio Nacional).

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De la primera parte no sé qué decirte porque estaba leyendo en la tribuna. Ganadores del último concurso de revelaciones en música joven. Recuerdo un verso horrible: "Hoyhé decidí dosalíra buscármis raíííííííííceeeeeeeeees". Finalmente, a eso de las 8:20 apareció el primer grupo. El sol no había acabado de bajar - no me imaginaba el frío que iba a llegar a hacer más tarde.

Tuertos en tierra de ciegos, Los Tres son unánimemente considerados la mejor banda local. Tocaron un poquito de blues, un poquito de rock and roll, un poquito de cueca. Sonaban muy fuerte, pero mal. El vocalista no se escuchaba. Al cabo de sus 60 minutos, dejaron el escenario vacío un buen rato para volver con un interminable bis de media hora. Y si volvés con guitarras acústicas, más vale que la gastes. Su gran capital es un público que los adora; que lo cuiden.

La mayor parte de la actuación de Los Tres la vi con principio de congelamiento. Probé de todo: ir al baño, entrar un rato a la galería donde venden sandwiches de pernil y volver a salir, ponerme unas cuantas gradas más abajo: nada funcionó. Culpa mía, estaba de remerita Hering y un buzo más bien finito. Finalmente me di cuenta de que si no bajaba a la cancha no iba a sobrevivir. Cuando Los Tres bajaron definitivamente del escenario, se abrieron las puertas de la cancha y pasé, a contramano de todos los que subían a comer algo en el intervalo.

Sentado en el fieltro que protegía el césped, y rodeado de humo de marihuana, el frío empezó a receder. Como todavía sentía un chiflete en la nuca, metí los brazos dentro del cuerpo del buzo como en un chaleco de fuerza y me até las mangas alrededor del cuello. En las pantallas, un documental pedorro contaba la historia de los últimos 100 años, hasta 1973.

El intervalo duró 40 minutos. Se sintió tan largo que Vicentico pidió disculpas después del tercer tema. Fue innecesario, creo: ya nadie conservaba el mal humor a esa altura. Los músicos que lo acompañan se tocan todo; él tiene el mismo timbre cálido, carisma y musicalidad que le conocemos de las grabaciones. Pasando por alto su débil intento de arengar a las masas -"ésta es nuestra forma de luchar contra ese tiburón que nos quiere sacar todo: bailando"- disfruté bastante con las metidas de dedo en el culo de los orgullosos universitarios chilenos, a quienes se dirigía invariablemente como "alumnos". Hizo un único bis, solito con su guitarra. La rompió.

30 minutos más de pausa, incluyendo otro tramo de documental (1973-1984), y estábamos con la orquesta cubana de salsa Los Van Van. Los Van Van tocan perfecto, en el sentido Las Vegas del término. Se dirigen al público como si fuera un atado de subnormales, de la categoría empresario cincuentón. La vocalista intentó excitarnos sexualmente, primero sacudiendo sus enormes tetas, y luego ofreciéndole a la cámara un primer plano de su culo realizando un asombroso movimiento vertical de coctelera eléctrica. No gustó. Mi sector los castigó con un masivo "Nooooo!" cuando anunciaron jubilosamente "Y seguimos...!". Mientras los músicos hacían cola para bajar del escenario, salió un dirigente de la FECH a anunciar: "Charly estará acá en 15 minutos". "Gracias por la paciencia", agregó. Pobres cubanos.

No era verdad. Hubo que esperar a Charly más de 15 minutos. Lo que sí duró 15 minutos fue el ensayo a telón cerrado, que se oía clarito. Después, un bajón de luz, un brevísimo silencio y una voz inconfundible: "Eshtán lishtaaaaaaaaaaaash?" No sé de música, pero digamos que por una hora logró transformarme en una oreja, y conmigo no es fácil. Curioso: después de escribir lo último, leo en una entrevista, buscando en Internet la letra de una balada inédita: "Al oído, por suerte para mí, nadie le da bola. Esa es una ventaja que yo tengo, y que quiero usar de la mejor manera, para avivar giles." Sin duda, está hablando de mí. Gracias, García. Este gil quiere escuchar más.

Sunday, March 15, 2009

Que lo tiren al Mapocho!

Recortado de un mail que le escribí a una amiga uruguaya el 17 de diciembre del 2006, a 7 días de la muerte de Pinochet.

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El domingo me levanté tarde, y estaba mirando noticias intrascendentes sobre las acusaciones de racismo a Mel Gibson por su última película en un sitio americano cualquiera cuando me llamó la atención la palabra Chile en uno de los titulares - el resto de la frase era "....'s Pinochet Dies". Con las mismas salí a la calle. Hacía una hora que había muerto, y Plaza Italia, el epicentro de las celebraciones, es sólo a 6 cuadras de mi casa, así que fui de los primeros en llegar.

Pasé todo el domingo en la calle. El silbato que me habían regalado en la marcha gay de Bae me vino al pelo. Fue el día que empecé a querer a Santiago un poquito: fue bueno ver a los chilenos, usualmente tan secos de vientre, perdiendo el control. Apenas me metí entre la gente me mojaron con champagne. Las banderas mayoritarias eran por lejos las del Partido Comunista, única colectividad política que me inspira algo de respeto.

Después de un break para ir al centro a hacer una llamada a Uruguay y volver, la caótica concentración se había transformado en un enorme caudal de gente que marchaba, agrupado en columnas, por la Alameda en dirección a la Moneda. Confiando en que el movimiento no se interpretara como un signo de apoyo al gobierno, me uní al flujo.

La llegada a La Moneda fue inolvidable. Con la ventaja de estar solo, me escabullí hacia adelante y quedé parado en un montículo del cantero central de la Alameda en la esquina del palacio. La enorme explanada que separa a la casa de gobierno de la Alameda, de media manzana de tamaño, diseñada en el gobierno de Lagos por algún arquitecto que habrá querido encontrar una expresión de horizontalidad democrática, pero que fracasa en su propósito por estar siempre rodeada de vallas y policías que la hacen inaccesible a la sociedad civil que pretende celebrar, mantenía al palacio a buen recaudo del mar de gente que inundaba la Alameda y, cruzando ésta, la plaza de la ciudadanía. Mar de gente inmóvil, entonando cánticos bajo sus banderas y pancartas. Nadie se hubiera extrañado de ver a Allende salir al balcón a saludar. En el santo santuario de la explanada, hacia mi esquina, un guanaco, monstruo de lata con ruedas de dos pisos y medio de altura. Mi reino por una cámara.

Pasados unos quince minutos, sin mediar provocación de parte nuestra y sin previo aviso, el monstruo de lata arremete contra nosotros con sus chorros de agua. Se produce el primer desbande de gente empapada; mis compañeros de montículo y yo, lejos del alcance de las mangueras, los dejamos pasar de largo y mantenemos nuestro punto de vista privilegiado. En la calle, ahora casi vacía, un par de monstruos hijitos persiguen, con sorprendente agilidad, a los manifestantes que no se van, en general más jóvenes y más mujer. Caen las vallas y el monstruo papá invade la alameda. Desde el lado de la plaza de la ciudadanía, a nuestras espaldas, un guanaco que no habíamos visto venir nos ataca de sorpresa. Esta vez los chorros sí alcanzan el cantero y nos empezamos a mover. Al mismo tiempo se empieza a ver manifestantes cubriéndose la cara con las remeras; levantando la vista, una nube de gases lacrimógenos que avanza. Llegó el momento de correr. Dos cuadras más adelante, los gases finalmente nos alcanzan. Paso por mi casa un momento, todavía llorando, y vuelvo a salir.

Todavía quedaba bastante gente en la calle: en las 10 cuadras largas que separan Plaza Italia del centro se habían formado media docena de núcleos de gente joven bailando y tocando música en vivo en torno a una pequeña fogata, cada uno con su historia. Me acerqué a una en la esquina de Baron Pierre y me quedé ahí. Mientras la gente cantaba y tomaba abundante cerveza cayó el sol. No faltaban osos atractivos, e intenté seducir a uno que otro, pero no parecían querer compañía. Cada vez que un helicóptero nos sobrevolaba se levantaba una silbatina.

Cuando ya estaba oscuro, intenté acercarme al centro pero cuando había caminado dos cuadras se oyó una explosión y un ruido de sirenas, y otra vez tuvimos que correr. De vuelta en la peña de Baron Pierre, otro helicóptero y al rato, otra nube de gases. Esto nos desbandó definitivamente - suficiente llanto para un día de fiesta.

El martes hubo un acto por Allende en Plaza Constitución, frente a la otra fachada de La Moneda - no del lado de la Alameda sino del lado "interior" al centro - a la misma hora que se llevaban el cuerpo de Pinochet a Viña para cremarlo. Por suerte mis horarios me permitieron ir. Me pegó muy fuerte el acto, por razones que sería mejor explicarte en persona. Terminamos haciendo fila para depositar una flor en el monumento de Allende. Yo no había llevado, así que improvisé una de origami con dos volantes que me habían dado.

El otro highlight del martes fue comprar el número del lunes de La Nación - el diario oficial, pero que es como un diario cualquiera, y es de izquierda. Totalmente dedicado a Pinochet, está lleno de entrevistas y opiniones muy interesantes. Compré dos ejemplares, uno para mandarle a mi viejo. Rescato los comentarios donde se dice que la peor herencia de la dictadura está en la psicología de los chilenos y su forma de interactuar y operar día a día, cosa muy palpable.

Tuve el ojo izquierdo irritado toda la semana por los gases de la policía, y la verdad es que fue una semana horrible después de un fin de semana tan removedor, y escuchando a compañeros de trabajo con los que creés tener una relación cordial elogiar a Pinochet. Se escucharon muchas pavadas - not least de parte de la mamarracha de la Bachelet. Un amigo, triste porque no lo juzgaron - comprendo, pero tuvieron 16 años para hacerlo. Tenía 91. No fue exactamente una fatalidad del destino que escapara de la justicia. Para terminar de molestar, la directora del instituto me vino a ver la última clase del viernes, si bien con previo aviso.

Thursday, March 12, 2009

"Desahogo"

Hace un rato en un 187 vi algo que me copó: un hip-hoppero plancha. Buenísimo lo que hizo con un pasaCDs conectado a un reproductor de mp3. Buenísima la letra, que recaía toda en la palabra "desahogo" (y "bolígrafo"): me gustó particularmente la frase "van de caserío", que condensaba "cacería" y "caserío". Buenísima la ejecución, un capo.

Eso es arte. Me reconcilié con un jueves de mierda.

Tuesday, January 20, 2009

I know what you did last decade

So I received email from Paula yesterday. We met twice over the last few weeks while she was visiting Uruguay for New Year's and we keep in touch regularly anyway, so that was no surprise. When she mentioned she had been trying (successfully) to locate our 1994 Drama Workshop buddy Bjorn, an Oslo native (prompted by a conversation with Karen, also a member of the gang), and added "mirá lo q me mandó (vas a flashear!)" followed by what looked like Bjorn's myspace url, I thought what's the big deal: Bjorn always was artistically restless; less talented people have myspace sites.

Well flashear was an understatement. Not only did I flashear but also pirar and flipar. Look at the default still frame for this video:



Yes my moving image of 1994 (maybe 1995) coming back in the shape of a music video. I have very little material from that period by way of photos (and no videos whatsoever) so I was thrilled with the discovery. I can't seem to remember that filmshot: most likely, I was passing by and was asked to participate.

Ego trips aside, I enjoyed Bjorn's rendition of the song - and I'm not saying this just because he is one of Bjork's 35606 friends :)  I also think Montevideo looks far prettier and more urban here than it would if you tried to remake this, but maybe that's just me. Judge for yourself:



Credit where credit's due: "Falling" performed by Bjorn Bakland, lyrics and music by Vega Lind.